El Adviento comienza poniéndonos a todos en actitud de espera y de esperanza. La espera de Jesús que viene se debe traducir en un compromiso de vigilancia. Se trata, principalmente, de maravillarnos ante la acción de Dios, de sus sorpresas, y de su amor manifestado en las cosas simples de la vida, por eso decimos ¡Ven y enciende mi fe Señor, para vivir en el amor!
